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miércoles, 1 de agosto de 2012

Un poema para la hora primera

Desayuno
© Jacques Prévert




Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.

martes, 31 de julio de 2012

Sobre desayunos y parentelas

Poema inédito de Gina Saraceni


Fotografia: Lisbeth Salas

El amanecer llega a la casa lentamente.

Nada quiebra el silencio que queda de la noche.

Sólo se oye respirar a los insectos.

El padre y la madre desayunan.

El padre muerde el pan duro,
lo moja en agua y aceite
come la harina espesa de la guerra.

La madre, en cambio,
prefiere la avena y la manzana,
hechas arena al tacto de su lengua.

Ambos comen la corteza
del tiempo que se acaba.
Ese ser dos en la vejez,
aferrados a un ritual
que les devuelve los primeros
paisajes de sus vidas.

Ese ser hijos de lo mismo,
del mismo pan duro que mastican,
sin que la miga ceda
al diente que la muerde.   
          
(Del libro Casa de pisar duro, con el que Gina Saraceni ganó
el XI Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana en 2011)

martes, 4 de enero de 2011

Si nos dejan desayunamos



Este video muestra al Mariachi Colonial tocando en un restaurante quizá del DF, situación absolutamente natural en México. Raro es que uno esté desayunando a las diez de la mañana un lunes en Caracas en la exquisita pastelería St. Honoré y aparezcan de pronto unos mariachis con todo y sus noctámbulos atuendos, su trompeta, su vozarrón de charro malquerido. Eso ocurrió ayer mientras intentaba despedirme de unos bellos amigos que retornan a su exilio argentino. La verdad es que el asunto no nos perturbó demasiado, era un homenaje a un precioso bebé de ojos azules que soplaba su primera vela. La familia tenía, como nosotros, semblante de adiós y extranjería. De ahí el mariachi, que en Venezuela es homenaje predilecto en bodas, quince años y noviazgos en picada, eso si, de noche, muy de noche.
Tras la leve sorpresa del mariachi materializándose bajo el solazo de los Palos Grandes, quizá lo verdaderamente contundente fue que todos seguimos comiendo como si nada, tarareando cada una de las cuatro piezas interpretadas. Nos la sabíamos, no nos daba vergüenza hacerles coro, mezclar francesa Quiche Lorraine, venezolano café con leche y mexicanísimo “Si nos dejan”. Así somos, justamente por que nos dejan…..¿aún?

jueves, 30 de diciembre de 2010

Sabores de la HORA PRIMERA



Pedazos de pan
CARLOS MARZAL

Cuando lo más cercano, por más propio,
cuando lo más palpable, por más íntimo,
se impone en sobriedad sin que haya esfuerzo,
y adquiere condición de alegoría,
es signo de belleza por la historia,
asombro de verdad, conquista humana.

Esa hogaza de pan, nuestra en pedazos,
nos eleva en su ser, de levadura,
a ser conscientes de tan honda empresa.

Lo bondadoso y lo útil,
emblema de realidad de lo desnudo.
Bendito porque sí,
lo amasaron la llama y nuestra mano.
De entraña blanca y húmeda,
pan que se besa, cuando cae al suelo,
pan que nos besa, cuando está en la boca.

De la necesidad,
este milagro.
Contra la adversidad,
este rastro de pan que cruza el bosque
y que no nos consiente andar perdidos.

Con este pan, al pan, le correspondo.

Las palabras también sueñan ser migas.

Basta un trozo de pan como paisaje.
Como divisa, un trozo de pan basta.

Mi abundancia gentil, mi lujo exacto.
Hazaña del candor, trigo solícito.



Pan negro

MANUEL RIVAS

En estremecidas humaredas de una memoria que no es la mía
voy desgranando el pan negro de los Cuarenta,
el fuego entrecortado por rezos y motores lejanos como aullidos,
los paños bordados con dedos amantes en el blancor,
y también el miedo,
un miedo que silva furtivo,
acechando entre las hiedras,
desnudo, terriblemente flaco y pálido,
como los ojos por dentro.

No es mía esta memoria.
Yo miré las violetas encaramándose a los juegos,
entregándose generosas en los muros secretos.

Pero esta lluvia cansada,
esa luz de limonero aterido,
esos pasos de luna sobre las tejas,
el mugido amarillo que vaga con asma por los nabales floridos...

Quien sea el que recuerde,
quien retenga el pan negro de los Cuarenta,
la paciente creación de uno mismo en los bordados del lino,

el miedo,
un miedo omnipresente que cuelga del techo,
quien sea el que os hable

del cerezo tullido por los dientes del helor,
de motores lejanos como aullidos, del miedo,
de ese miedo huérfano, aterido,
que abre los postigos y acecha por la ventana.

Quien sea el que recuerde,
el que remueva con ternura en mi memoria de violetas
que bordeaban los juegos,
mi memoria de columpios en el recio robledal,
mi memoria de prados musicales.

Quien sea el que os hable,
el que pose sus dedos invernales
en mi memoria,
el que acaricie con sus manos seculares
mi memoria,
el que con gestos suaves palpe mi memoria
de pan blanco
con esas manos que desgranaron el negro pan
de los Cuarenta.

Quien sea el que recuerde
tiene un nombre bordado en mi memoria de violetas,
en el frescor frondoso del viejo robledal,
en los enredos, en los juegos, en el pan blanco,
en las memorias futuras que acaricio, sin miedo,
con mis dedos de ensueño.



(De La gana breve)
LUIS PÉREZ ORAMAS

Cuando esté lejos añoraré las cosas.

Podré nombrarlas, hacerles inventario
y así henchir el vientre de los días
con promesas vagas, con apenas visiones.
Cuando esté lejos añoraré las cosas.
El agua del castaño, por ejemplo
paraíso cada viernes protector de la familia
señor de las cocinas
del fuego prohibido o la infusión para mañana.

Haré el inventario:

Dispondré de cariaquito sembrado antes que uno
despertando de memoria los olfatos
en cada cual, en cada grifo, en toda mano.

Añoraré las cosas:

Borra de café serán los días
pieles exprimidas de naranja
despojos de lentos desayunos
pecado original en las migajas.

Haré el inventario aunque me expulsen
y diré en aquel recinto ya sin ángel
entre aquellas losas ya con Tata o Tomasita
en aquel calor del horno abierto, aventado de comidas
esperando estuve yo con la alegría.



En busca de trabajo
RAYMOND CARVER

Siempre he querido trucha de montaña
de desayuno.

De repente, encuentro un sendero nuevo
a la cascada.

Empiezo a tener prisa.
Despierta,

dice mi mujer,
estás soñando.

Pero cuando intento levantarme,
la casa se ladea.

¿Quién está soñando?
Es mediodía, dice ella.

Mis zapatos nuevos esperan junto a la puerta,
relucientes.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Vallenato y TODDY


Escucho un vallenato y de inmediato me veo a las seis de la mañana desayunando en la mesa de la cocina de mis padres. En Maracaibo. Ese vallenato me sabe a crema de trigo, a pan dulce con nata, a queso palmita, a Toddy. El mantel es de hule, el sol no acaba de arrojarse. Mi madre escucha una emisora colombiana, dice que es la más internacional, quizá la única que logra sintonizar en el pequeño radio junto a la ventana.
Mi hermano y yo adorábamos Brindo por amor, en la voz de Diómedes Díaz, sobre todo el fragmento que dice: “No, no me la llames más, no me la molestes más / Mira que ella está estudiando, tiene su novio y se va a casar”. Nos doblábamos de la risa mientras ignorábamos cuán distantes estábamos y estaríamos de Colombia, cuánto de ese país se nos quedaba en las venas.