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martes, 4 de junio de 2013

A cinco años del adiós de Eugenio Montejo


Un fragmento cocineril 
de  D I S P A R A T E

Ilustración de Gerald Espinoza

Disparate, publicado por Ediciones Ekaré nos devuelve a los inolvidables vocablos del poeta Eugenio Montejo, quien un 5 de junio de hace cinco años partió hacia lo más inesperando de la ausencia
Hermosísimo y breve texto suyo, en compañía de exquisitas ilustraciones de Gerald Espinoza, Disparate es la metáfora de un otro país que el escritor, visionario como era, llegó a anhelar
Libro-album para niños y adultos, cada quien encuentra lo que sabe y puede: oscuridad o asombro, despedida o desgarramiento, sueño o memoria.
Apunto un fragmento coquinario de Disparate como abreboca y pequeño homenaje a Eugenio Montejo en el aniversario de su adiós.

La gente calzaba platos,
de mantel era su ropa,
y en la mesa los zapatos
estaban llenos de sopa

domingo, 30 de septiembre de 2012

Poesía y café

Café
© Eugenio Montejo
(Del libro Alfabeto del mundo)

Foto tomada de Informe 21

A Francisco Pérez Perdomo

 Al dibujar cada palabra,
detrás de su color, ritmo, latido,
siempre soñé dejar llena, secreta,
alguna taza de café
que se beba entre las líneas.

Café con el aroma de las horas
y la mesa en el aire
donde al primer hervor los vivos y los muertos
levitemos.
Amable duende que nos sigue por el mundo
con densas vaharadas. Café natal, sentimental,
¿qué pruebo en su sabor, qué bebo?
–A grandes sorbos bebo tiempo,
bebo mi vida gota a gota,
la que he perdido y vuelve, la que queda
humeante aún ante mis ojos, esperándome.

Café del alba, amargo, recién hecho,
que nos trae a la cama
algún canto remoto del gallo.

Café de las ciudades fugaces, imprevistas,
que sabe a las voces de su gente,
al rumor de sus ríos imaginarios.

El café gris de las estatuas en la lluvia,
tan frío en su boca de mármol.

El café azul del pájaro,
el verde inmenso de los soleados platanales
y el café de los ausentes,
dormido en nuestra sangre.

Sólo para avivar su aroma escribo a tientas
al dictado del fuego.
Sólo para servirlo siempre dejé oculta
alguna taza que se beba entre líneas,
detrás de mis palabras.

lunes, 5 de abril de 2010

A Eugenio MONTEJO

Un poema de mesa compartida
© Jacqueline Goldberg



en el altar de la tercera mesa
el poeta requería cabrito
o cordero con judías rojas

nadie adivinaba si andaba diurno o abolido
si venía de dar tumbos en la niebla
si un milenio resquebrajaba sus dones de hoja

una sola vez almorcé en sus cercanías
fue en Casa de Estudiantes de Madrid
—¿otoño, 2005?—
creo que ambos nos conformamos
con un risoto verdeado por insípidos espárragos

aquella comida
especiada de vocablos que pasaban de largo
no fue obediente
ni remontó otros ventrílocuos mesones
no agujereó la espesura de la patria crucial
no simplificó la tarea de acompañarse
empeoró más bien
en la artesanía de un azar
que nunca más admitió compartir
un viaje
un higo
un relámpago

(y a Andrés Rodríguez y su Mesón)

viernes, 6 de junio de 2008

Adiós al siglo de Eugenio Montejo

Anoche, 5 de junio, nos dejó el poeta Eugenio Montejo. Queda su palabra, la sonrisa siempre dispuesta, lo mucho que de él seguimos aprendiendo

La mesa

(Eugenio Montejo)
 ¿Qué puede una mesa sola
contra la redondez de la tierra?
Ya tiene bastante con que nada se caiga
cuando las sillas entran en voz baja
y en su torno a la hora se congregan.

Si el tiempo amella los cuchillos,
lleva y trae comensales,
varía los temas, las palabras,
¿qué puede el dolor de su madera?

¿Qué puede contra el costo de las cosas,
contra el ateísmo de la cena,
de la Última Cena?

Si el vino se derrama, si el pan falta
y los hombres se tornan ausentes,
¿qué puede sino estar inmóvil, fija,
entre el hambre y las horas
con qué va a intervenir aunque desee?