jueves, 9 de septiembre de 2010

Vallenato y TODDY


Escucho un vallenato y de inmediato me veo a las seis de la mañana desayunando en la mesa de la cocina de mis padres. En Maracaibo. Ese vallenato me sabe a crema de trigo, a pan dulce con nata, a queso palmita, a Toddy. El mantel es de hule, el sol no acaba de arrojarse. Mi madre escucha una emisora colombiana, dice que es la más internacional, quizá la única que logra sintonizar en el pequeño radio junto a la ventana.
Mi hermano y yo adorábamos Brindo por amor, en la voz de Diómedes Díaz, sobre todo el fragmento que dice: “No, no me la llames más, no me la molestes más / Mira que ella está estudiando, tiene su novio y se va a casar”. Nos doblábamos de la risa mientras ignorábamos cuán distantes estábamos y estaríamos de Colombia, cuánto de ese país se nos quedaba en las venas.