miércoles, 2 de julio de 2014

Venezuela, el hambre que vamos siendo


hambre que no entiende
©jacqueline goldberg

Foto: Máximo González. Tengo hambre 
(Arroz con texto grabado y encapsulado en cristal, dimensiones variables, 2005)  
http://www.maximogonzalez.info/instalaciones/tengo_hambre.php




Mi vida la murmuro al barro
Samuel Beckett

I
si hubiese sabido. hace doscientos años, cuarenta años, cinco años. que esto ocurriría. el hambre. este encierro. tanta podredumbre.

si hubiese sabido que correr era postigo en mi coronilla. habría virado, cancelando infortunios para perpetrar una sien menos movediza.

ahora hay rutinas, agobios.

seguir de bruces.

busco comida. imploro comida.

me asquea pensar en comida. tanto. así vivieron mis abuelos durante la guerra. soñaron papas, comieron papas, conchas de papas. tubérculos como plegarias. y sobrevivieron. también soportaré. pero el lastre de verme en las calles, desmereciendo el látigo. es mucho.

¿cuánto dura una mujer débil? ¿cuántas veces irá al mercado sin llorar?

calles ríos de veneno. repletas de bestias con dos ruedas por cabeza. carruajes altos para encubrir el futuro balazo.

tampoco soporto la calle. el asco murmura en las esquinas más serenas. salpica. dice mi nombre. amenazas que se cumplen.


II
reconteo infeliz.

lo que no hay: aceite, azúcar, harina, jabón, mantequilla, crema de dientes, cereal, leche, shampoo. a veces tampoco arroz, caramelos, queso, té, pan.

lo que sobra: infamia.

lo que falta: medicinas que tomo a diario. apenas dos pastillas. pero tres días sin ellas me harán temblor incontrolable, corazón reventado.

lo que sobra: riscos para lanzarse y ser olvido.


III
cómo explico al miserable que fuera mi amigo todo lo que padecemos. como explico a ese gordo-emigrante-tragabasura que no me hago la víctima, que este país no lo invento yo. que somos jaula.

cómo explico al hermano preocupado que huir no siempre es hacer maletas. que huyo cada día. que un día vendrá la huída definitiva y nada podrá salvaguardarme.


IV
la alacena jamás está vacía. la comida diaria entra al estómago, sale sin dificultad. el disfrute se ha extraviado. solo importa una cantidad de calorías, no su origen, no su sabor.

hay componentes no digeridos en las heces fecales. al menos eso queda. se despenalizará la coprofagia. la luz provendrá de lo oscuro.

seis niños fueron obligados por sus cuidadores a practicar sexo entre ellos mientras veían pornografía e ingerían heces. ocurrió en una casa de acogida en la India. lejos.

en Buenos Aires la policía detuvo a un ciudadano coreano de setenta años que capturaba perros en la calle, los alimentaba y después los mataba para vender su carne a un supermercado asiático. can-nicero, le decían.

cuántos estamos dispuestos a comer mierda. confesemos. habrá una película. su tema será una gran cena en la que sólo se servirán heces. de entrada, plato principal y postre. con ciertos aderezos y acompañantes. quizá mucho hielo. no será una película fantástica sino un documental.

el estómago se hace distensible. es casi imposible que reviente tras una gran comilona. la privación de alimento en cambio genera atrofia de los intestinos. la lucha es colosal. una muerte lenta y agónica.

quedan otras hambres. intempestivas. corroen en insoportables segundos. dejan una mueca y el cuerpo turbio. todo acaba. acabamos.

a veces —raras veces— llueve almíbar. pero no nos percatamos.
hambre implica dejar de entender.

miércoles, 25 de junio de 2014

Restaurante Alto crece y abre ALTO BAR


Un GASTROBAR 
es la nueva propuesta del chef CARLOS GARCÍA



Esta mañana estuve en el Restaurante Alto para entrevistar a Carlos García. Fuí por datos para mi nueva página en la Revista Clímax. Y me traje una buena nueva: en poquísimas semanas el chef abrirá Alto Bar en el centro comercial Altamira Village (avenida Luis Roche con 5ta transversal de Altamira).
El gastrobar tendrá la impronta de Alto —que ocupa el puesto 25 entre los 50 Mejores Restaurantes de América Latina— pero buscando un público joven y un ambiente distendido donde prevalecerán música y tragos. El Dj del local es aún un secreto.
Alto Bar contará con barra, varias mesas, un mesón para que diez conocidos o desconocidos compartan, terraza y un acogedor ático que podrá alquilarse para fiestas privadas. La ambientación es una propuesta del mismo arquitecto y diseñador de interiores de Alto, Alejandro Barrios Carrero, reconocido el año pasado por la Fundación James Beard con el Premio al Mejor diseño interior de restaurantes —el llamado “Oscar” de la industria gastronómica en Estados Unidos— por Juvia, ubicado en Miami.
Alto Bar servirá coctelería tradicional y de creación propia, así como las cervezas artesanales especialmente confeccionadas para Alto por Pisse des Gottes y Corsaria. Habrá raciones para picar, platillos para compartir y un postre cada día. García asoma picones de lo que podrá degustarse en su reino aún en obras: el tradicional sanduchon venezolano, fritangas de alto vuelo (tequeños, empanadas) y arroces.
El chef insiste en la palabra “compartir”. Desea que su gastrobar sea lugar para compartir mesa, platillos e instantes de goce.
Por lo pronto el plan es abrir puertas sin fuegos artificiales. Los días terminarán de perfilar este sueño de Carlos García, digno de admiración en tiempos en los que muchos cierran locales y otros cierran los ojos.

martes, 27 de mayo de 2014

Tres poetas y cuatro tiempos en Mérida


El próximo sábado 7 de junio 
en la Posada Xinia y Peter en Mérida
Poesía y cena en cuatro tiempos


El próximo sábado 7 de junio a las 7 pm poesía y cocina dialogarán en la Posada Xinia y Peter, en la Mucuy Baja, Mérida. Las escritoras Jacqueline Goldberg, Kira Kariakin y Georgina Ramírez, viajan desde Caracas para ofrecer un gustoso jamming poético titulado “Poesía en cuatro tiempos: una cena para festejar la palabra”.
El festín arrancará con un “Pórtico verde (dos aperitivos) compuesto por Mini timbalitos rellenos de ensaladilla rusa y Vainitas y lentejas en escabeche. Seguirá “Una parada poética” (tres entradas) con Crema de guisantes y pesto de albahaca; Mézclum de lechugas orgánicas del Valle con julianas de pavo a baja temperatura; y Espuma de papas y foie de pato. El plato principal, “Nuevos arbitrios”, es un Solomillo con queso de cabra y anchoas. Finalmente el postre, llamado “Las horas claras”, es una Panacota con morera en tres texturas.


Las poetas

Jacqueline Goldberg: Nació en Maracaibo en 1966. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela y Licenciada en Letras por la Universidad del Zulia. Su trabajo abarca la poesía, la narrativa, la literatura infantil, el reportaje, el ensayo, la crítica de artes visuales, el periodismo gastronómico y el género testimonial.
Toda su obra poética publicada a partir de 1986 ha sido recogida en el libro Verbos predadores, poesía reunida 2006-1986 (Ediciones Equinoccio, Caracas, 2007). En diciembre del 2013 publicó su primera novela, Las horas claras (Fundación para la Cultura Urbana).
Entre los reconocimientos que ha obtenido están el XII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (Caracas, 2012); Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada en su única clase (Estado Zulia, 2008); Premio de Poesía de la Bienal Mariano Picón Salas (Mérida, 2001), Premio de Ensayo de la Bienal de Crítica y Ensayo Roberto Guevara (Valencia, 2001); Premio Nacional de Literatura Infantil Miguel Vicente Pata Caliente (Barinas, 1993); Finalista en el Premio Casa de las Américas (La Habana, 1990).
Su trabajo poético aparece incluido y reseñado en antologías publicadas en España, Rumania, Corea del Sur, Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, México, Chile, Argentina y Venezuela.
Su trabajo poético puede leerse en: 
Libro electrónico gratuito: https://www.smashwords.com/books/view/308471
Twiter: @JacGoldberg


Kira Kariakin: Kira Kariakin: Nació en Caracas en 1966. Es consultora independiente en comunicación y publicaciones. Trabajó por 14 años en el exterior como consultora creativa y de comunicación para proyectos de eficiencia de energía y ICT4D (1999-2013). Entre 1986 y 1999 trabajó en el área editorial venezolana para las editoriales Alfa, Planeta, Grijalbo, tuvo una agencia literaria y fue gerente general de la Revista Estilo. Desde el 2011 co-organiza los Jammings Poéticos en El Ateneo de Caracas y facilita talleres sobre blogging y uso de redes sociales para Espacio Público, el Ateneo de Caracas, y la Universidad Católica Santa Rosa. Publicaciones: Mermeladas para llevar 1 y 2 de los Jammings Poéticos (Caracas, 2011); Nuevos Arbitrios (Editorial El Pez Soluble, Caracas 2011), Miradas y Palabras sobre Caracas - Varios autores (Una Sampablera por Caracas, 2013). Escribe el blog k-minos.com sin interrupción desde el 2004. Sus poemas y artículos han aparecido en distintas revistas digitales.
Libro electrónico gratuito: https://www.smashwords.com/books/view/152024

Twiter: @kirakar



Georgina Ramírez: Nació en Caracas en 1972. Licenciada en Trabajo Social especialista en Dinámica de grupos. Creadora y directora de La Parada Poética, Co editora de las antologías poéticas: El Ojo Errante (Venezuela); La Mujer Rota (México); La voz de la ciudad (Venezuela); Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal (Venezuela) y Arte Poética (Argentina)
Autora de la plaquete Piel de Durazno (Taller Editorial El Pez Soluble, 2011).
Administradora de los blogs: poesía-en-georgia.blogspot.com y laparadapoetica.blogspot.com
Twiter: @georgiatwitea y @laparadapoetica


Información y reservaciones:
Xinia y Peter
Telefax: +58 (0)274-283.0214
Celular: +58 (0)416-874.7698 
 Email: xiniaypeter@gmail.com

miércoles, 21 de mayo de 2014

Mafalda, 50 años odiando la sopa

2014: Mafalda convierte a QUINO en Premio Príncipe de ASTURIAS



Nunca fui fanática de Mafalda. En la infancia me incliné — por culpa de la pésima distribución de publicaciones en la provincia venezolana— por suplementos que hoy casi me vergüenza recordar: Archie, Susy, los Picapiedras y Condorito. Pero eso no viene al caso.
Algo me unía a Mafalda y era nuestro profundo odio por la sopa. Odio que aún perdura y que sólo aplaca a veces el cuento de que soy periodista y gourmet y que debo comer de todo y etc.
La gran Mafalda, del gran Quino, está cumpliendo en este 2014 50 años. Si bien la historieta alcanzó apenas nueve años de vida en el mundo impreso —diez libros publicados y 1.918 tiras— y otros tantos en los audiovisuales, perdura como un ícono de la cultura popular latinoamericana y como parte de la memoria y desmemoria de quienes tenemos “casi” la edad de Mafalda.


Tuvieron que pasar muchos años para que me enterara de que Mafalda odiaba una sopa metafórica, que en realidad el suyo era un aborrecimiento por los regímenes militares: "es la sopita que había que tragarse siempre", dijo Quino alguna vez.
Pues con más razón, hoy celebro a Mafalda y reitero mi odio por la sopa y esa “sopita” que ojalá no debamos tragar nunca más.



Muchas sopas después: Esta nota fue originalmente publicada el 29 de septiembre de 2010, aniversario de Mafalda. Hoy la remozo con la buena nueva de que Quino —nacido en Mendoza, Argentina, en 1932— acaba de ser honrado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014, coincidiendo con el 50 aniversario de su inquieta y ya inmortal Mafalda.
La candidatura de Quino, propuesta por el catedrático de Geografía y demógrafo Rafael Puyol, ya había despertado la simpatía de muchos de los 18 miembros del jurado antes de que iniciasen en Oviedo las deliberaciones, bajo la presidencia del director del Instituto Cervantes, Víctor de la Concha.

martes, 20 de mayo de 2014

Las horas claras


Inundación



Un día, sin más, comienza la tragedia.
Gotas.
Gotas.
Gotas.
Gotas que marcan pozos en las esquinas, que surcan el aire, se deslizan, planean sobre los pisos.
Gotas de plenilunio, de frío.
Gotas ensimismadas, criminales.
Gotas ovíparas, ciclópeas, feroces.
Gotas opulentas.
Gotas sin mensaje.
Gotas.




Imágenes de la serie Mi mar rojo de Carolina Múñoz Parra
(album publicado en Facebook y compartidas
tras la lectura de mi novela Las horas claras. Su página aquí)

Texto de mi novela Las horas claras
(Premio transgenérico de la Sociedad de Amigos
de la Cultura Urbana, editado en 2013)


viernes, 4 de abril de 2014

A cien años del nacimiento de Marguerite Duras


La tumba y el libro muerto



I
Un libro sobre Duras.
Escribirlo.
Todo ocurría el 3 de marzo de 1999, tercer aniversario de la muerte de Marguerite Duras. En el número 3 del bulevar Edgar-Quinet del Cementerio de Montparnasse. Él estaría allí, en una banca. Él, Yann Andréa, el último amante. Fumando, con lentes oscuros, entre los tilos que bordean las avenidas del camposanto parisino.
En el libro que no escribí contaría cómo me acerco, lo insulto. Por todo lo que sé. Por lo que se dice. Por lo que ignoro.
Él me habría contestado con frases tomadas de su libro Ese amor, que habla de ella y donde escribe exactamente como ella. Y me habría contado cómo fue el día del sepelio: «Depositan el ataúd en un agujero muy profundo. Hay tres plazas, lo que explica la profundidad del agujero. Y luego sellan una losa de cemento (…) Más tarde, en la lápida de piedra, se inscribe: Marguerite Duras. Y debajo, dos fechas: 1914-1996, y en la parte delantera dos letras: M.D. Eso es todo. Un nombre y dos fechas. Así de sencillo».
En el libro, me habría calmado. Quizá me hubiese sentado junto a él. Le explicaría que he leído toda la obra de Duras, en español y en francés. Que la he traducido, admirado, venerado. Que no entiendo el desorden de su tumba. Y él me contestaría, siempre desde su libro, que sólo desde el 16 de noviembre de 1998 ha podido volver y mirar la lápida: «Veo que la piedra blanca ha envejecido, veo que el color se ha ensuciado, que la piedra ha recibido mucha lluvia, sol, viento, veo que han depositado flores, se han podrido allí, la piedra ya está vieja, hace mucho, mucho tiempo que ella está allí, encerrada. Sólo se ve el nombre, el cuerpo está desapareciendo, está descomponiéndose por completo».
Diría que apenas en ese momento admite que no hay nada que ver, tan solo un nombre: «Lo comprendo, y puedo venir aquí sin llantos, sin pena. Puedo caminar por las avenidas, oler el perfume de los tilos, puedo leer otros nombres. Quito las flores marchitas, tiro las macetas viejas, siempre dejo el nombre visible, es increíble cuán poco consciente es la gente de que no hay que cubrir el nombre con flores, es increíble cuán poca consciencia hay de lo molesto que resulta, de que eso no se hace. Bueno, tampoco tiene importancia, es una especie de ingenuidad: dejar flores, piedrecitas, billetes de metro, caramelos, trozos de papel, una vela. Un fárrago cubre la lápida blanca. Lo dejo todo, y algunas veces lo quito todo. Todo a la basura. No quiero nada encima de la piedra, solo el apellido, ese apellido de escritora y ese nombre de pila, de flor precisamente, todos esos ornamentos, toda esa pacotilla, resultan inútiles».
Yann Andréa sería tal cual Duras lo había descrito: una suerte de bretón alto y delgado. Discretamente elegante. De voz dulce, distante y real. En el libro que no escribí habría un momento en que me sentiría tonta. Turista necrológica. Con fríos antiguos y ajenos. Él, antes de despedirse, me hablaría del amor que enfermaba a Duras, que la hacía dejarlo sin irse y a él irse sin dejarla: «Uno nunca está a la altura de su propio amor. Como si el amor no nos perteneciera». Y me obsequiaría su dolor escrito: «Cuando leemos la historia, percibimos ese intento: el intento de amar. ¿Cómo hacerlo, cómo escribir, cómo dar con la palabra exacta, cómo dar exactamente con la palabra que silenciarías todas las demás palabras? Que silenciaría todas las historias. También todo el amor. Sí. Todo quedaría consumado».


II
El libro que quise escribir sobre Duras, nació muerto.
Quince años después del jamás ocurrido encuentro con Yann Andréa, fui al cementerio de Montparnasse. Turista finalmente necrológica.
Lejos de lo que iba a decir mi libro, no estaba sola. Me acompañaban mi esposo y mi hijo. Ninguno ganado a la idea de pasar parte del domingo en el cementerio.
Había estudiado mucho el camino. Apenas emanamos del metro caminé con una prisa que yo misma desconocía. Dejaron de dolerme pies y espalda. Entré y en la primera avenida crucé a la izquierda. Así lo había memorizado. Pero no entré por la puerta principal. Aquel no era el lote, ni el camino.
Esposo e hijo me dejaron adelantarme, aún sabiéndome extraviada.
De pronto estuve segura de que al llegar a la tumba de Marguerite Duras me encontraría a Yann Andréa. Él estaría limpiándola y yo me quedaría muda. Y corrí. Corrí mucho. Cada vez más perdida.
Admití. Miré un plano. Llegué finalmente al bulevar Edgar-Quinet. Pero la tumba no se reveló por si sola. Recorrí los estrechos pasillos de grava que se habían formado entre tres filas de lápidas. Juraba que la de Duras no estaría en primer plano. Olvidaba cuán antigua es la muerte en París.
Un vigilante apareció y sin más me preguntó si buscaba la tumba de Duras. Me dolió ser tan obvia. Me condujo. Estaba casi bajo mis pies. Sucia, con unas mactas horrendas. Con lo que Yann Andréa suponía ingenua basura, pero que no impedía leer el nombre de Duras. Quizá el estuvo días antes allí.
Me sorprendió el abandono. El mismo que describiría Yann Andréa en mi libro y que hizo en el suyo. Abandono propiciado por años, lluvias, la imposibilidad de hacer perdurar un recuerdo, acaso el amor. 


III
Escribo el 4 de abril de 2014 en Caracas. París no es aún memoria. Una realidad más agobiante me reclama. No debería escribir sobre el libro que jamás escribí. Ni sobre Duras. Pero hoy se cumple un siglo de su nacimiento en Indochina. Cien años que se volvieron nada y todo con la muerte. Libros y certezas. Palabras para la eternidad.

Unas últimas frases, no de mi libro muerto, sino de los de Duras:
«Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir».
«No sé qué es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos. Y cuando no hay nada, lo sabemos como sabemos que existimos, no muertos todavía».

Mis traducciones de Marguerite Duras: EL LUGAR DONDE HABLO

miércoles, 23 de octubre de 2013

Un poema…


OLFATO a ras
© Jacqueline Goldberg

Fotograma de Hiroshoma mon amour, de Marguerite Duras, dirigida por Alain Resnais (1959)

huele tan mal la gente
que sale al decir ajeno
con nieve de otra vida

así ciertos amantes:
lejía, aguardiente barata, sal

huelen a dones sin relámpago
a hombres y mujeres que ya no los esperan
a borde
desierto

se sabe por sus poros
sus pupilas atiborradas
lo abierto lo hurtado

y por que todos, un poco,
olemos
al mal

martes, 22 de octubre de 2013

La verdadera historia de los Fettuccine all'Alfredo

Escribe desde Roma la nieta de ALFREDO DI LELIO, creador del cremoso platillo


Alfredo Di Lelio


Hoy, al despertar y abrir mi blog, me topé con una fabulosa sorpresa: me escribió Ines Di Lelio, a propósito de mi post de ayer sobre los fetuccine que tanto gustaban al inolvidable Oscar Yanes. Ella es nieta de Alfredo Di Lelio, el creador en 1908 de los célebres Fettuccine All'alfredo, que ahora sirve en el restaurante Il vero Alfredo en la Piazza Augusto Imperatore 30, de Roma. Aquí la traducción de su comentario:

«
Con referencia a su artículo, tengo el placer de contarle la historia de mi abuelo Alfredo Di Lelio, creador de "Fettuccine all'Alfredo" en 1908 en el restaurante dirigido por su madre, Angelina, en Roma, en la Piazza Rosa (Piazza desaparecida en 1910 tras la construcción de la Galleria Colonna / Sordi).
Alfredo di Lelio abrió el restaurante "Alfredo" en 1914 en Roma, después de salir del restaurante de su madre Angelina.
En 1943, durante la guerra, Di Lelio vendió el restaurante a otras personas fuera de su familia.
En 1950 Alfredo Di Lelio decidió reabrir con su hijo Armando su restaurante en Piazza Augusto Imperatore No. 30: "Il Vero Alfredo" ("Alfredo di Roma"), cuya fama en el mundo se ha visto reforzada por su sobrino Alfredo y que ahora es gestionado por su sobrina Inés, con el famoso "Cubiertos de oro" (tenedor y cuchara de oro) donados en 1927 por los muy reconocidos actores estadounidenses Mary Pickford y Douglas Fairbanks (en agradecimiento a su hospitalidad).


Véase el sitio de "Il Vero Alfredo": http://www.ilveroalfredo.it, que contiene información sobre la franquicia.

Debo aclarar que otros restaurantes "Alfredo" en Roma no pertenecen a la tradición familiar de "Il Vero Alfredo". Le informo que el restaurante "Il Vero Alfredo" está en el registro de "Tiendas históricas de excelencia" de la ciudad de Roma Capital.

Saludos cordiales.

Ines Di Lelio»

Ines Di Lelio con Woody Allen




lunes, 21 de octubre de 2013

Así son las cosas..


Fettuccine Alfredo 
a la manera de OSCAR YANES

En el año 2007, acabando de cumplir ochenta años, entrevisté a Oscar Yanes para la Revista Papa y Vino. Hoy, cuando Yanes ha partido, recuerdo sus carcajadas y la sabrosura de su pasta, su memoria y sus cosas, que serán así como él las dijo, por siempre. Reproduzco aquel artículo y su receta de la pasta que más le gustaba

 
Foto: Tal Cual Digital

Oscar Yanes, con ochenta años recién cumplidos —públicamente celebrados el pasado mes de abril— reconoce que aunque se ha sentado a la mesa de notables restaurantes criollos y extranjeros, sus platos preferidos son el perico y la pasta: “De joven me tocó vivir un año solo en Washington, me fastidié de la comida norteamericana barata y me llamó la atención el perico andino que describía Ramón David León en su libro Biografía Gastronómica de Venezuela. Así que intenté hacerlo, pero con la mala suerte de que se me pasó la mano al empezar a revolver los huevos y saltó una chispa y le abrí una tronera a la camisa, una de las pocas de seda que tenía. Aquello fue un duelo, estuve como un mes sin comer perico. Después me volví fanático del perico, me gusta pedirlo en los grandes hoteles y recuerdo que en China pedí en el desayuno un plato cuyo nombre medía en el menú como quince centímetros y resultó ser un perico como el que preparamos aquí. Es curioso”.
Su iniciación en la pasta no fue más glamorosa: “Me enseñó a cocinarla un muchacho que vivía en el mismo edificio que yo en Washington. Pero recuerdo que me enseñó también la mala costumbre de que para saber si el espagueti estaba bien hecho había que tirarlo al techo o a la pared. Terminé con la pared llena de pasta. Cuando me mudé me dio tanta pena aquello que me tomé el trabajo de limpiar bien todo”.
Años después Oscar Yanes aprendió a comer pasta nada menos que de la mano del italiano Alfredo di Lelio, inventor del famoso Fettuccine Alfredo: “Ese es el plato de pasta que más me gusta. Lo probé con el viejo Alfredo, que montaba todo un espectáculo en su restaurante Alfredo alla Scrofa en Roma. Él preguntaba de qué país era uno, y como tenía grabaciones de música típica de todos los países de América Latina, las ponía y él mismo entonaba una estrofa. A mi me cantó el Alma Llanera. Además, colocaba en la mesa la bandera del país. Era todo un show, con su gorro grande de cocinero”.
Yanes, pionero del periodismo televisivo y uno de los autores que más libros vende en el país —ha ganado tres veces el Premio Nacional de Periodismo—, señala que de la gastronomía venezolana lo que más ha llamado su atención es la vida de Pierre René Delofre, el francés que escapó de la Isla del Diablo y para remozar el prontuario que podría repatriarlo se instaló en Caracas en los años de la dictadura del general Juan Vicente Gómez para develar los secretos de la alta cocina francesa. “Tuvo tres restaurantes célebres, La Suisse, el Longchamp y el Trocadero, pero con una particularidad que jamás ha tenido otro restaurante en Venezuela: el Longchamp y el Trocadero eran dos negocios en uno. El primero era de alta cocina francesa y el otro, apenas separado por una cortina de damasco, un cabaret con ficheras. Esos locales, a los que iba gente muy distinguida, fueron saqueados, porque Delofre organizaba banquetes para el presidente de la República. Yo lo entrevisté. Su historia aparece en mi libro Cosas de Caracas, que se publicó por primera vez en 1967… Así son las cosas”.


Fettuccine Alfredo
(Para 4 personas)

Ingredientes
500 gramos de fettuccine
8 cucharadas de mantequilla
1 taza de queso parmesano rallado (y un extra para el momento de servir en el plato).
1 taza de crema de leche
Sal y pimienta negra recién molida.

Preparación
En una olla grande con agua hirviendo, agregar la sal y la pasta. Cocinarla hasta que esté “al dente”, (tierna por fuera pero firme al morderla).
Mientras la pasta se cocina, calentar la mantequilla en un sartén a fuego lento. Agregar el queso parmesano y la crema, dejar hervir revolviendo todo el tiempo. Bajar el fuego y cocinar hasta que la salsa se reduzca y espese, agregar sal. Escurrir la pasta y devolverla a la olla. Verter la salsa sobre la pasta y revolver para que se integre bien.
Servir con pimienta negra recién molida y queso parmesano.

jueves, 4 de julio de 2013

Semillas de sésamo en mis pies


Dolor en cada paso...

Es una rareza la fractura de los sesamoideos del pie, dos pequeños huesos que se encuentran bajo las depresiones óseas antero posteriores de la cara plantar de la cabeza del primer metatarsiano. Su nombre fue aplicado por vez primera por el médico griego Galeno de Pérgamo ante su parecido a las semillas de sésamo. 
Pues soy una rareza, tengo fracturado uno de esos mínimos pero imprescindibles huesos. 
Cada paso me duele, por eso debo administrarlos con suma precaución. 
La gastronomía me acompaña aún en lo más doloroso. 
Tengo semillas de sésamo en los pies. Sésamo, ajonjolí, ajonjolín, ajonjulí, aljonjolé, aljonjolí, jonjolé, Jjonjolí, haholí, jijirí, ejonjilí.

A Georgina Ramírez