miércoles, 7 de septiembre de 2011

La tristeza de los cítricos


 
Amanecen tristes, a veces,

una manzana sin refrigeración,

la planta olvidada,

el hijo que perdió su juego.



Pero sufren los cítricos de otra tristeza,

un marchitamiento repentino:

enfermedad grave,

causada por pulgones,

capaz de matar al árbol

en tan sólo dos o tres semanas.



Naranjos, mandarinos y pomelos

—injertados sobre el naranjo amargo—

florecen exageradamente y fuera de estación,

los frutos se tornan pequeños y numerosos,

quedan adheridos al árbol hasta deshidratarse.



“Las hojas van perdiendo tamaño,

verde más plomizo, ligero abarquillado

y defoliación sobre todo en los extremos de los brotes”.



Finalmente hay una efoliación

y decadencia general de la planta.

Y una irremediable tristeza

que augura la tala del árbol.



Ya vemos, no solo humana es la tristeza,

también la padecen ciertos cítricos,

sabios en dulzuras y amargores.



“Cuidado con la tristeza. Es un vicio”,

nos recuerda Flaubert.




Para leer más:
Peligro potencial de epidemia de la tristeza de los cítricos en México

Enfermedades del limón

Virus de la tristeza de los citricos