sábado, 30 de octubre de 2010

Con su permiso, Tomás Fernández

Hace muchos años, allá por los años 80, un directivo del ya fenecido diario zuliano Crítica —andaba siempre con un gracioso sombrerito de cogollo— mandó a quitar mis textos de una antología de poesía zuliana porque mi nombre no podía ser maracucho. Y efectivamente me sacó y seguí llamándome Jacqueline Goldberg Kapuschewski, con un papá francés nacionalizado y ya con sesenta años en el país, pero con la mamá más maracucha que alguien pueda imaginar.
Este pequeño introito viene a cuento porque la ponencia del chef Tomás Fernández ayer en el Salón Internacional de Gastronomía, “Emancipación del cocinero venezolano”, me revolvió un poco el ánimo. En el marco del inigualable evento de Venezuela Gastronómica hizo un largo y muy bien investigado recuento de la cantidad de cocineros franceses que plagaron los restaurantes venezolanos en los fulgurantes años ochenta; de las ediciones de la Revista Exceso Cocina y Vino que dieron portadas a célebres cocineros de nombres extranjeros; de los insultos y alaridos que los galos osaban dar a los pobres y casi indígenas aprendices venezolanos. Las conclusión, obvia y correctósima, fue que los restaurantes están siendo tomados por cocineros venezolanos de altura, que echan inteligente mano a la despensa criolla y que las revistas, no solo Cocina y Vino, comienzan a dedicar extensos trabajos a nuestros chefs.
Respeto la postura de Tomás Fernández, Tenedor de Oro 2008 y el trabajo que realizó en Le Gourmet. Y me encanta su Blog. Lo que me parece absurdo es, a estas alturas de la vida, resurgir con bromas xenofóbicas, —aunque nadie dude de la buena voluntad de Tomás—, desdeñar de un pasado ya inevitable, obviar que muchos chefs que hoy ostentan nombres, experiencia y destino —él mismo—, vienen de las garras de aquellos despiadados franceses que alzaban la voz en la cocina. En algún momento jugó con que su colega y amigo Paul Lenois, por su nombre, debía ser despachado del listín criollo. Olvidó también mencionar que Cocina y Vino fue un proyecto personalísimo de un señor llamado Ben Amí Fihman, quien sin deberle a nadie estaba en su derecho de hacer con su revista el mundo cosmopolita que le diera la gana y que luego de la portada venía un riquísimo material donde lo venezolano comenzaba a surgir a su propio ritmo. Señor este, por cierto, creador del SIG y que apenas oí mencionar al profesor Víctor Moreno.
¿Qué me molesta? Básicamente que los comentarios de Tomás Fernández se acoplan perfectamente a las mismas sinrazones por las que se arrancó la estatua de Cristóbal Colón de la Plaza Venezuela; a las extrañas circunstancias por las que una comunidad judía venezolana —con familias que tienen muchas generaciones en el país, incluso algunas de la época de la Independencia— es atendida en ciertos casos por un Ministerio de Relaciones Exteriores. El chavismo que tanto criticamos está calando hondo en todos, sin darnos cuenta y sin excepción. En mi, incluso, que mientras escribo estas líneas pienso paranoica que si la cosa sigue así comenzarán a dudar de mi identidad venezolana, como pudieran hacerlo de otros escritores como Victoria De Estéfano o Gisela Kosak, pensadoras brillantes pero con el supuesto defecto de poseer nombres extranjeros y padres que llegaron a forjar este país.
Quiero llamar la atención sobre la ligereza con la que se tocan ciertos temas. Con la excusa de que "era broma" nos estamos haciendo eco de asuntos que hemos criticado y detestado. Una ponencia así en el exterior, sería muy mal vista. Cuchillo pa nuestro pescuezo, pues.
¿Por cierto, ese Fernández no es español? ¿No es Venezuela país de inmigrantes y de un reconocido multiculturalismo? ¿Los cocineros venezolanos jamás gritan y siguen a pies juntillas cada una de las normas de Carreño?

3 comentarios:

Tomás Fernández dijo...

En ningun momento la idea fue ofender, solamente dije lo de Paul de manera jocosa, mis disculpa si le cause alguna mala idea de lo que ahi expuse

Jacqueline Goldberg dijo...

Tomás, está clarisimo que no buscabas ofender a nadie, no lo hiciste de hecho. Solo quiero llamar la atención sobre la necesidad de cuidar las palabras, los temas, las bromas. Entre la turbulencia, el más mínimo suspiro desata pánico.... mis saludos.

Anónimo dijo...

Gracias por rescribir este texto, Jaqcueline. Sinceramente, no veo cómo se puede seguir considerando "jocosa" la xenofobia; estamos jugando con fuego, creyendo que el único que se puede poner troglodita es el presidente. No podemos seguir permitiendo que la xenofobia, la homofobia y cualquier tipo de discriminación arraiguen en nuestro país ni siquiera "de manera jocosa", porque yo no le veo el chistecito por ningún lado.

Y, sin ser un especialista ni muchísimo menos, a no ser que comamos mañoco, casabe puro o ñame cocido, no sé cómo podríamos evitar la influencia de otros países en nuestra comida, pues como bien dices Venezuela es una colcha de inmigrantes, para suerte nuestra.
¡Un abrazo, poeta maracucha!

Juan Carlos Chirinos