
Fernando del Paso, en su Palinuro de México (Premio Rómulo Gallegos de 1982), menciona este tipo de manos: “Como resultado, uno tiene manos de predicador con la muñeca doblada en ángulo recto hacia el antebrazo; el otro manos suculentas con los dedos adheridos entre sí, y el tercero, manos de pinzas de escorpión.”
Me quedo con las verdaderas manos suculentas, las que confeccionan manjares, las que llevan a la boca trozos de felicidad, las que acaricia tan hondamente que escarban el alma y extraen de ella vocablos relamibles, obsequiables, dispuestos al gemido, la ilusión.
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