lunes, 7 de marzo de 2011

Un ecléctico oasis en la vieja Maracaibo

Caribe Concert





























Conozco a Augusto Pradelli desde hace incontables años, cuando algunos éramos postadolescentes, indocumentados y, sobre todo, felices. Él llevaba ya un largo camino recorrido. Comunicador social, director teatral y televisivo y cineasta, realizó infinidad de cortometrajes y el primer largometraje zuliano: Joligud, proyectado en 1990.
Ahora Pradelli, con lustrosos 50 años, ha mezclado su pasión por la cultura zuliana, la escenografías y su herencia culinaria italiana —su padre es de Bologna y su madre de Nápoles— para dar forma a Caribe Concert, un lugar ecléctico, divertido y de buen comer. Se le dice “centro recreativo”, por su variedad de ambientes y su inatrapable propuesta escénica. Inaugurado hace exactamente un año en sociedad con su hermana y su cuñado, Elvira Pradelli y Norberto Valbuena, está ubicado en la calle Carabobo —lo que queda de la mítica barriada del Saladillo, donde se fundara la ciudad y que fuera destruida en los años 60 para dar paso al “progreso” de las avenidas y los automóviles—, detrás del hotel Caribe, propiedad de la familia y que con sus 140 habitaciones forma parte del complejo festivo de Caribe Concert.
El sábado pasado mis padres me llevaron al local de Pradelli con una imposición que sonaba a asunto de honor. No tuve el gusto de saludar a Augusto pero recorrí todo el lugar que, según me han dicho, de noche es una vasta rumba. Cuenta con diversos ambientes: el bar Mamblea, la Terraza, el teatrino Mara¬caibo mía, la pizzería Raz¬zore, una piscina, el barco del pirata Morgan y el callejón Calabazate.
Ese día almorzamos serenamente en el restaurante Roñoquero, nombre que hace honor a uno de los integrantes de la célebre pareja Roñoquero y Mamblea —sus verdaderos nombres fueron Carlos Bernal y Manuel Prieto—, personajes populares zulianos que hicieron del embuste, la exageración, el chiste y el cuento una tradición, tanto que para llamar a alguien mentiroso en el Zulia se le dice “vos si sois roñoquero”.
Al menú de Roñoquero le falta más cuento y personalidad. Digo esto porque me sonaron de más el Pastel de Chucho, la carne asada y la Polvorosa de pollo y eché de menos más preparaciones zulianas, llevadas a la propuesta gourmet del lugar. Igual comimos estupendamente. Platos sobrios, bien presentados, en buena proporción, tildados con un guarapo de papelón muy frío y gran variedad de postres de la región, incluidos Huevos Chimbos.















Anhelo otra visita para probar platillos que en
otras mesas vi suculentos y que no entendí en el menú, quizá demasiado conciso.
Y para no perder oportunidad dejo un cuento de Roñoquero y Mamblea, maracucho hasta el tuétano y gastronómico para mas:

RUIDO
- ¡Concha, Roñoquero, tengo más hambre que un burro muerto! ¡Y yo estoy en la lona!
- No te preocupéis que yo tengo aquí un fuerte y un rialito. El fuerte no lo podemos gastar pero el rialito sí. ¡Vamos a ver que a´cemos!
Un perfume “a’ arroz” denunciaba la ciudadanía del restaurant.
- Mirá, chino ‘el cirullo, danos un rial de yuca.
Chong Ching Gum, todo él carreritas, se fue y regresó casi al punto con una bandeja de una losa impecable. Roñoquero admiró los dragones y la pasó a Mamblea:
- Váis pues, Mamblea, comé.
La masticación no tenía sordina. Una grabadora cualquiera hubiese registrado claramente todos los movimientos digestivos. “Estaban hambrientos”. De improviso Roñoquero se sumió en una paralizada contemplación:
- ¿Que pasa Roñoquero? ¡Ey!
- ¡Mamblea!, mirá pa´llá’quel pollo que están asando…
Los dos chuparon aire entre los dientes. El olor sonsacaba el fuerte del bolsillo de Roñoquero. ¡No! ¡Ese fuerte era sagrado!. llegaron a un acuerdo económico y, a la vez, compensatorio: aspiraban profundo antes de masticar la yuca.
El chino los acechaba, como si estuviera escondido trás un cañaveral.
Terminaron.
- Bueno, Roñoquero, la cosa no estuvo mala. ¡Hasta comimos pollo!
Roñoquero tiró el “real” al mostrador. Ambos salieron con rapidez de la satisfacción. Chong Ching Gum los detuvo con griticos agudos.
- Favol pagal completo… un leal no es… ¡Mas!
-¿Que?
-Faltal el dinelo del polo….
-¡Que pollo chico?…. ¡Vos estáis loco!
-Sí, ¡sí!… Yo pude vel que ustedes comel olol del pollo.
- ¿Así es la cosa?, Bueno, vamos a pagarte el pollo pues. Damé acá el rial que te dí ahorita. Yo te pago tó’ con un fuerte.
Chong Ching Gum entregó la moneda con la faz iluminada. Roñoquero sacó la moneda “de a cinco”, la hizo saltar sobre el mostrador, la recogió y la volvió a su bolsillo. Luego exigió categórico:
-Ajá, chino pájaro bravo, ahí tenéis. ¡Cobrate ‘el sonío y me dáis el vuelto!

Fuente del cuento: Las quince letras