jueves, 21 de abril de 2011

Pozo Suruapo

La gran opción a unos pasos de Caracas

Pozo Suruapo (ver su PAGINA), un oasis enclavado en los frescos montes de San José de Los Altos —en la Zona Protectora del Área Metropolitana de Caracas, a 1050 metros sobre el nivel del mar— abrió hace ocho años. He ido cuatro veces ya y no sé por qué nunca escribí sobre ello. Y ha llegado la hora, cuando uno repite tanto es porque la seducción ha sido definitiva. Ello se resume en magnífica parrilla uruguaya acompañada por otras muchas delicias con toques criollos, insuperable atención, estupenda relación precio-calidad y un contexto que tiene la extraña capacidad de regalarnos energía, verdor y descanso. Uno retorna a Caracas sintiendo que ha hecho un viaje magnífico, que no hay lejura necesaria para volver a uno y reconciliarse con el mundo.


Pozo Suruapo se ha ido haciendo de a poquito. Y lo sé yo que con cada visita veo algo nuevo y percibo el cariño con que sus dueños, Germán Cabrera y Natacha De León, van forjando ese enclave de tranquilidad y buena comida. Las esculturas de Germán muestran por doquier su maestro dominio de los metales —es artista y profesor—, mientras Natacha —ingeniero químico ambientalista—, hace que uno se sienta en casa, siempre sonreída, dispuesta a complacer. Esta vez hallé que venden piezas de sus bonitas vajillas y matas para sembrar en casa. Y si uno insiste un poco y tienen en existencia, venden su pan integral recién horneado, el mejor que he comido en años.













En varias terraza con caneyes de rústica elegancia se encuentran mesas muy bien servidas para un máximo de 60 personas, con vajilla de cerámica hecha especialmente para el restaurante. De la parrilla saltan directo a la mesa chorizos, morcilla con salsa de parchita, pollo y mucha carne al gusto. No es en vano la advertencia de no llenarse con las entradas, las arepitas con ají dulce y el queso, pues pocos llegan al final para dar lugar merecido a la carne. La jornada es bañada con bebidas de preferencia, vinos que ofrece la casa o los que uno quiera llevar, con pago mínimo por el descorche. Siempre la poza entona cantos relajantes que Germán armoniza con mucha música brasileña.
Quizá una de las cosas más deliciosas del lugar, por lo que de raro y pecaminoso parece tener, es la posibilidad de comer y de inmediato dormir una larga siesta en la terraza de hamacas, arrullada por el vasto silencio de esos valles mágicos llenos de rutas por las que pasear y donde se dice murió el cacique Guaicaipuro a finales del siglo XVI.

Allí nadie apremia. La idea es llegar hacia el final de la mañana y quedarse hasta las seis de la tarde. Es un paseo de todo el día, de regresar a no hacer ni comer nada mas. Y quienes le tienen miedo a los caminos y los carros pequeños, pueden pedir información sobre transporte. No hay excusa para no llegar. Son apenas 30 minutos desde Caracas.
Lo que diga es poco. Adoro Pozo Suruapo. Sueño con quedarme en una de las preciosas cabañas que alquilan para fines de semana. Siempre hay que llamar y reservar, por si acaso. Y aunque el lugar está full, no hay manera de sentirse amontonado. La naturaleza está por doquier.

contacto@pozosuruapo.com.ve
Tlf: 0414-3323988; 0416-8012991; 0212-3772066


Las esculturas de Germán Cabrera
en Pozo Suruapo